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lunes, 12 de julio de 2010

Hombre.

Nuestra labor como hombres no es otra que criticar el trabajo de Dios.


Tal vez J no sabía de qué hablaba. Es posible que ya se encontrara demasiado ebrio esa noche: eran las tres menos quince y nos corrían ya del bar. Se me ocurre también que solo quería impresionarme a mí y a las otras chicas aventurándose con frases audaces. Disparando al aire palabras que pudieran hacernos pensar. De cualquier forma, esas palabras son lo que más recuerdo de J.

Creo recordar ahora que al final solo quedamos nosotros dos. De esas extrañas ocasiones en que no quieres moverte de donde estás, aunque J se encontraba totalmente apoyado contra la barra pues no podía mantener su cabeza en alto del cansancio y el alcohol. Entonces de la nada esas palabras. No puedo comprender aún la intención con la que las dijo ni en qué estaba pensando. ¡Lo que ha debido haber estado en su cabeza en esos momentos!

Jamás vi al pobre de la misma manera. Esa noche se veía igual que todas las noches y todos los días: derrotado. Pero, a diferencia de todas las otras noches y todos los otros días, su derrota irradiaba dignidad hacia todos lados. Había algo diferente en él, algo respetable, digno de recordar. Esa noche me enamoré perdidamente de él. Al despertar corrí al teléfono y le llamé. Eran las 11 y el ya había salido, asi que decidí alcanzarlo. Al verlo todo lo que encontré fue arrogancia. ¡Arrogancia! Era casi como si supiera todo lo que había logrado. Como si esa dignidad fuera solo una rala cortina que se deshizo con el rocío nocturno apenas salió a la calle.

Ese fue el último día que vi a J.

domingo, 6 de junio de 2010

J a Sofía, aunque ella no lo entienda.

No me extrañes, sabes que nunca te olvido.
No me extrañes, me sentirás más lejos.
No me extrañes, me sentiré más lejos.
No me extrañes, sabes que nunca me olvidas.

Y cuando el viento acaricie tu rostro de esa manera, intenta con todas tus fuerzas traerme a tu mente. Estaré ahí, estaré siempre. Respira profundo siempre que puedas, sentirás la vida entrando a tu cuerpo. Te sentirás despierta.

Y cuando escuches que llueve, sal de donde estés y recibe mis bendiciones. Estaré mirando desde arriba, viendo por ti.

Y cuando te sepas ausente, vuelve a abrir los ojos. Sal a la luz, filtra tus adentros. Déjame salir, déjame entrar de nuevo. Cada vez más puro.

Y cuando sientas que me alcanzas, abre tus brazos tanto como puedas. Aquí te estaré esperando. Siempre. Siempre. Siempre.

domingo, 2 de mayo de 2010

Y ya que hablamos de inmovilidad.

Se siente bien. Se siente bien cuando alguien a quien no has visto en mucho tiempo te visita entre sueños. Su figura aparece de entre la niebla -esa niebla de que estan hechos los sueños-, desenfocada. Te esfuerzas por distinguir de quién se trata y respiras tan profundo como puedes, intentando reconocerla con más facilidad. Entonces, de pronto, tienes su sonrisa frente a tí y lo entiendes todo.

Amo dormir. Odio dormir.

Me gusta el café. Quiero café. Estúpidos días en quiebra y calor. Quiero sentarme y platicarle a la nada cómo me ha ido últimamente. Si alguien gusta reemplazar a la nada -y pagar por mi café de paso- bienvenido. Bien, miento. Prefiero no salir de aquí por ahora. Más tarde veremos qué pasa. Jamás hay nada ante mí. Siempre algo, alguien, humo.

-Prepárate, estás a punto de irte.

-Lo sé. Me preparo. Me aislo. Me siento. Me quiebro.

-Bien. No te dejaré ir de cualquier otra forma.

-Lo entiendo. No, no lo entiendo. ¿A ti qué más te da?

-Me importa más de lo que entenderás jamás. Me importas más de lo que entenderás jamás.

(Silencio)

(Humo)

(Viento)

(Atardecer)

-Tú y yo estamos condenados. Vivimos unidos por un lazo invisible, irrompible. Un contrato irrevocable que firmamos aquella tarde. Aquella tarde que segúramente has olvidado. Pero la vida no olvida. Y nos ha jugado la peor de las bromas. Nos hemos jugado la peor de las bromas y hemos de pagar por ello.

-Lo sé.

-Por eso te pido que vuelvas. Por eso te pido cuides de ti.

-Estoy listo. Me voy.


Y asi, J se ha ido. Sin pensar más de lo debido. J se ha ido sin saber a dónde. Se ha ido para volver algún día, pero aún no sabe cuándo. Volverá triunfal, siendo poco menos que la sombra de lo que solía ser. Será nada a los ojos de la gente, pero a los ojos de ella volverá triunfante. Están condenados, ambos lo saben. Todo va a terminar mal, ambos lo saben. Pero terminarán juntos, simultáneamente.

También lo saben.