martes 24 de noviembre de 2009

A quien corresponda:

"Las burbujas de tu soda ya no causan sensación."

A veces olvido lo que en realidad eres. A veces olvido tus máscaras. Olvido lo que quiero olvidar, pues prefiero sinceramente conservar esa imagen que tengo de ti. ¿Por qué? No lo sé, si no significo nada para ti. No entiendo por qué me apura tener que verte bien. No entiendo por qué debería recordar ese insignificante momento en que intercambiamos no más de 20 palabras. Entre los dos.

Tampoco sé por qué me empeño en quedar bien contigo cuando sinceramente no me interesan en lo más mínimo tus historias, tus frases, tus saludos o tus pasos. Soy tan patético. Desgraciadamente tendré una vida larga.

Nadie me esta obligando a nada, me he obligado yo solo. Eso es lo que más me atormenta. Es lo que más me frustra. No poder hacer nada contra mi propia voluntad. Eso de la voluntad inquebrantable tiene más contras que pros.

Al menos he podido aceptar muchas cosas que no vale la pena hacerte saber, pues realmente no te gustarán, y eso ya es algo. Por ahora es todo ¿sabes?, pero no me quedaré así. No volveré a mover un dedo por ti.

martes 27 de octubre de 2009

He matado.

Primero eran naves, después ardieron en fuego. Y como que el fuego ardía, atraía a la multitud. Gritaban, reían, bailaban alrededor de la hoguera. A la vieja usanza. Como en las ancestrales civilizaciones, cuando a sus Dioses veneraban. Sus Dioses paganos.

Y en la orilla, nosotros. Observando. Tú, entre mis brazos. Yo, recordando otros tiempos. Tiempos donde las naves eran mías, cuando no pensaba en los Dioses paganos. Días de otoño, muy parecidos a ese, pero días solitarios. Días de vacío. Días de no tener nada.

Y como resultado, nostalgia.

Pero todo cambia, y cambia de verdad. Dicen que solo se trata de morir o matar. Yo prefiero matar. Si bien lo dí todo por quien creía merecerlo, al día de hoy he aprendido a observar. He matado. He matado y lo he disfrutado como pocas cosas se disfrutan en la vida.

He matado sin decirle a nadie. Mi sucio y dulce secreto. He matado, desmembrado, devorado y quemado miles de cuerpos. Nadie lo sabe. Las alma se apagan, pues tambien las devoro. Por eso ahora no vivo rodeado de gente. Me he deshecho de casi todos.

Les recomiendo matar. Matar, desmembrar y devorar.

domingo 11 de octubre de 2009

El día que te dí mi cabeza.

Para serte sincero, no recuerdo la fecha exacta, ni recuerdo a qué se debió, pero un día te dí mi cabeza.

Desperté y sin más me decidí. Después de habérmelo pensado días y días, decidí que lo más preciado que tengo es lo que debes tener. No, mis sentimientos no lo son. No te has enamorado de mis sentimientos principalmente, ni son mis sentimientos lo que más atesoro.

Mi cabeza. Ese infinito laberinto de polvo y luces. Ahora puedes ver mi cráneo, abrir la puerta y echar una mirada a mi interior. No tengo nada más profundo que mi cabeza. No tengo nada más valioso en ninguna parte, después de tí.

Días y días fantaseo. Sueño que te vas lejos y vuelo a tu encuentro. Nos perdemos en la nada y miramos el cielo. Cómo cambia de color día con día. Estación con estación. Año con año. Sueño también que no te tengo pero te puedo sentir. Te siento en mi habitación, pues esta bañada en tí. Por cada rincón se esconde un poco de tu escencia. En objetos, en momentos y en ruiditos agudos.

Hay sangre en las paredes.

La sangre y la sal que significan los recuerdos, el esfuerzo y las miradas. Las lágrimas, las risas y mi impaciencia. Mis ansias. Cuando no encuentro respuestas. Cuando estoy indiferente. Cuando los vuitres vuelan a mi alrededor, pues mi cuerpo yace aún tibio pero sin vida sobre mi cama. Y es precisamente ahí cuando tu escencia entra en el juego. Se filtra por cada uno de mis poros inundándome, llenándome de un extraño brillo.

Y entro de nuevo al mundo.

Llego al mundo una y otra vez cada poco tiempo. De vuelta a sufrir, pues es lo que nos toca a todos, pero al final eso ni lo recordaremos. Después del miedo vendrá una sonrisa, y justo con esa sonrisa, el final definitivo.

Hoy recordé ese día. Anoche volví al mundo. De nuevo.

viernes 9 de octubre de 2009

Egoísta.

"No es recomendable mantenerse mucho tiempo a mi lado. No voy jamás a pensar en tí antes de mí. No cuentes conmigo, no va a salir bien. No esperes por mí, no voy a llegar temprano. No me intentes cubrir con azul, que al final seré amarillo."

No soy una mala persona. Estoy lejísimos de serlo, pero las menter pobres no lo entienden. Tan solo por haber sido llamadas pobres, ya los tendré aqui, golpeando a mi puerta, con la sangre en el reflejo de sus ojos. Es difícil para algunos aceptar que no tienen la suficiente capacidad para lograr ciertas cosas. No para mí. Yo por fortuna puedo aceptar y respetar mis límites. Respetar, no temer.

Se me ha llamado de muchas maneras. Egoísta no es una de ellas. Y no lo es porque quien me ha llamado de esas muchas maneras ni siquiera conoce esa palabra y muchas veces utiliza solo vulgarismos, pero ¿qué podemos hacer al respecto? Polvo como ese es mejor barrerlo de una vez, utilizando tapabocas si se puede, pues de lo contrario podríamos respirarlo, invitarlo a pasar a nosotros. Y lo único que va a lograr, es pudrir nuestro interior.

En fin. Soy un egoísta. El peor de todos. Jamás has conocido ni conocerás a alguien como yo. Quiero las cosas a mi manera o no se hacen. Quiero las cosas cuando las quiero y no me importa nada más. Cuando quieres ir a algún lado, yo te digo que no, simplemente porque no quiero.

Pero ¿te has puesto a pensar, pequeño nadie, que el no hacer lo que tu quieres que haga no es egoismo, sino respeto por mí? ¿Por qué iba a dejarme aplastar por tus órdenes cuando puedo aplastarte a tí junto con tu orgullo y todo lo demás solo con decir no?

Y te resulta tan frustrante. Porque sabes que yo no pierdo nada. Porque sabes que incluso si aceptara lo que dices, lo haría de nuevo a mí manera. Y tú, al final, terminarías sin importar.

En fin, mi egoísmo me dice que debo parar aquí, pues me he aburrido de explicarte las cosas y no quiero hacerlo más.

lunes 5 de octubre de 2009

Fingers.

Dime una cosa, cuéntame una historia. La historia del pan, de la escritura, de tus hijos, de tus padres o del mundo. Cualquier cosa va.

Cuéntame de cuando piensas en mí. ¿Cierras los ojos? ¿Se forma en tu cabeza una nítida imagen de mi rostro, mis zapatos y cómo visto? Dímelo, quiero saberlo, pues de vez en cuando, mientras estoy solo, clausuro mis oídos, desconecto mis extremidades y vuelo hacia tu recuerdo. Y veo por la parte interior de mis párpados tu rostro, cada uno de tus cabellos y el brillo que desprenden cuando la luz del Sol se recuesta suavemente, como la lengua del furioso demonio sobre la piel de la criatura que se dispone a corromper.

Veo también tu piel. Su extraño color. Tus ojos de miel que atrapan un pedacito de mi alma cada que me miran. Incluso su imagen mental parece arrancar una parte. Veo las sombres que viven en tus manos, esas sombras que me cobijan cuando no resisto al mundo. Esas sombras que me llevan a lugares en los que nadie jamás podría encontrarme.

Hoy puse uno de tus viejos discos. Los encontré todos, en una caja cubierta de polvo. Intactos, simplemente olvidados tanto por nosotros como por el ambiente. Tú y tus extraños discos. Justamente elegí, sin saberlo, el que más recordaba. Ese que no tiene nada. Solo ruidos sin sentido. Ruidos sin sentido cargados de un muy agresivo color rojo. Me preparé algo de café y encendí un cigarrillo.

En esos momentos no tenía ni idea de que se trataría de mi último cigarrillo.

Lo encendí, lo fumé poco a poco y lo disfruté como si lo fuera. Sentado ahí solo en la mesa. El cenicero escupiendo ya colillas y cenizas de los cigarrillos del día anterior. La máquina de escribir algo abandonada por un lado del centro de mesa. Las demás sillas ocupadas con papeles llenos de letras, de sílabas, de líneas, de nada. De pronto se coló a mi mente -probablemente por mis ojos- un airesillo con un ligerísimo sabor a nostalgia.

Y justo en ese momento me di cuenta de que debía irme.

Más que solo darme cuenta, nació una urgente necesidad de salir de ese lugar y alejarme tanto como pudiera.

Hoy me encuentro bajo un arbol, algunos kilos más ligero y no recuerdo nada luego de terminar ese cigarrillo.

jueves 1 de octubre de 2009

Paris is Burning.


Hoy, después de mucho tiempo, volví a experimentar lo que se siente ser transportado de un lugar a otro en completa calma, con el viento en la cara y algunas buenas canciones que aleatoriamente sonaban en mi Ipod.

Si, yo tengo un Ipod. No un Iphone ni un Ipod Touch. Un Ipod de 80 Gb. Llevo ya un año con él. Fue mi regalo de 20 años de parte de mis padres. No, no soy millonario. Solo me regalaron un Ipod. Pero me fue bien, generalmente de unos tenis o una camisa no pasa.

De cualquier forma, sentía el viento en la cara y escuchaba solo algunas frases de las canciones pues me encontraba perdido, tranquilo, nostálgico. Fue una sensación más bien extraña, pues casi había olvidado lo sublime que es estar en movimiento sin sentirlo, y en paz contigo mismo. Es bueno no ser quien conduce de vez en cuando, aunque conducir tenga ciertas ventajas y privilegios.

"No volverás a ver la mirada triste del chico que miraba el infinito..." Esa frase, si no me equivoco, fue la primera frase que llegó a tocarme. No el primer verso de una canción, sino la primera frase. La que más profundo ha llegado hasta ahora, pero eran otros tiempos y era aún más ingenuo de lo que soy ahora.

"I am sorry to report dear Paris is burning after all..." Esa canción. Esa canción tiene algo y no me recuerda a nada en concreto. Simplemente me asusta. Esa tonadilla aguda que pudiera perderse si no se escucha con atención, entra por mis oídos y me hace sentir temor. Por alguna razón, aunque no tenga posiblemente nada que ver, me recuerda al primer libro que leí y que me enamoró. Un libro sobre máscaras, música, inmortalidad y mucha maldad.

En fin, sentir que eres jalado simplemente sin saber a ciencia cierta a dónde, es bastante sencillo. Cómodo. Creo que éste día tuvo muchas cosas que brillaron por sí mismas. No tengo ninguna queja sobre éste día.

Hoy volvieron algunas esperanzas y conseguí algunas respuestas. Esperanzas y respuestas que no compartiré con nadie, pues nadie sabe siquiera que existía tanta desesperación y preguntas. Cierto es que no involucraban a nadie, pero ha sido un gran logro para mi haberlas encontrado.

Hoy mi espíritu se encuentra mejor de salud que ayer. Sí, soy un chico espiritual.

miércoles 30 de septiembre de 2009

Límites. Estar bien. No encuentro.

Hoy es un día de esos.

Un día de esos en los que veo a personas que no estan ahi. Miro a la pared y aparecen. Presto un poco más atención pensando que se esfumarán, pero permanecen ahí paradas.

Es uno de esos días en los que no puedo sacármelos de la cabeza. En los que no consigo sacar nada. En los que las palabras, las imágenes e ideas en general se quedan atascadas dentro. La mano y la boca funcionan, mas no crean abolutamente nada.

Es uno de esos días en los que siento que en verdad me esta invadiendo y afectando aquello que no debería.

De esos días.